Introducción al destino:
Nombre oficial del país: República Islámica de Irán
Superficie: 1.648.000 kilómetros cuadrados (aproximadamente como tres veces la de España).
Capital política: Teherán (10,5 millones de habitantes, según censo de 1998).
Población: Supera los 67 millones de habitantes (según censo de 1998). Descendientes de los arios: kurdos, mazandaraníes, gilaníes, beluchíes, luristanos y bajtiaríes. Minorías no arias: azerbaiyanos, jamse, qashaqis y turcomanos. Y pequeños grupos de árabes, armenios, asirios y judíos
Idiomas: La lengua oficial es el farsí (persa) que habla el 50% de los iraníes. El resto de los idiomas utilizados son el turco, el kurdo, el árabe y el inglés
Religión: Islam
Fiestas: Las fiestas más importantes son: el Now Ruz, el año nuevo iraní, que se prolonga durante 13 días y comienza el 21 de marzo; el día de la Revolución, que se celebra el 11 de febrero; la muerte del imam Jomeini, que se celebra el 4 de abril; el Moharram, cuya fecha varía en función del calendario lunar y en la cual se conmemora el martirio del imam Husain; y el Chahaarshanbeh Suri, en la que se conmemora el último miércoles del año iraní encendiendo hogueras en las calles.
Economía: La industria se concentra en Teherán y en los puertos petroleros.
Política: República islámica
Historia
Irán es uno de los países más antiguos del mundo, con una historia que se remonta a 5000 años antes de nuestra Era. Las informaciones contrastadas más antiguas que se conocen hacen referencia a una época datada en 3000 años a. C., en la que se tienen noticias de un floreciente reino llamado Elam, establecido en los montes Zagros.
En el siglo VIII a. C., las invasiones asirias debilitaron el poder de los medas y los persas, pero finalmente, los medas consiguieron rechazar a los asirios y se hicieron con el control de Irán fundando el primer imperio iraní que descansaba en una serie de reinos. Hacia el año 550 a. C. los persas, que estaban bajo dominio meda, comandados por Ciro II, se levantaron y sometieron a los medas reuniendo a ambos pueblos bajos su centro. La dinastía aqueménida, fundada por Ciro el Grande, inició su periodo de poder, y en apenas 20 años conquistó todo el Asia Menor, las ciudades griegas de la costa del Egeo y Babilonia.
Durante el reinado de Ciro el imperio persa se extendió desde el Mediterráneo hasta el río Indo, en el sur de Asia, y desde el mar Caspio hasta el Océano Indico. Su hijo Cambises añadió Egipto a los territorios conquistados, forjando, de esta manera, el mayor imperio conocido hasta entonces en el mundo oriental y mediterráneo.
El reinado de Darío I, que ascendió al trono el año 532 a. C., inició una época dorada de prosperidad y poder que sólo se vio perturbada por sucesivas guerras sostenidas con los griegos durante el siglo V a. de C. y que han pasado a la historia con el nombre de Guerras Médicas.
Los persas quisieron aprovechar las discordias entre espartanos y atenienses para afianzar su dominio sobre las ciudades jonias de Asia Menor y atacaron a los griegos, quienes rechazaron el avance persa derrotándolos en la batalla de Maratón.
10 años más tarde, los griegos volvieron a derrotar a los persas del ejército de Jerjes, hijo de Darío, en Salamina. Finalmente, Alejandro Magno destruyó el gran imperio creado por Ciro saqueando Persépolis, su deslumbrante capital.
Tras la muerte de Alejandro, uno de sus generales, Seleuco, fundó una nueva dinastía: los seleúcidas, que controlaron Irán hasta el 250 a. C., fecha en que los partos, tribu escita, derrocaron a los gobernantes griegos creando un Estado que enlazaba con la tradición del imperio persa. El dominio parto duró hasta el 224 a. C. En esta fecha la dinastía sasánida resucitó el poderío persa, iniciando un periodo de más de 400 años de dominio imperial en constante lucha con los romanos. Durante este periodo la doctrina de Zoroastro se convirtió en religión oficial del Estado.
La debilidad interna del imperio hizo posible que Irán cayese en poder de los árabes en el año 634, quienes llegaron a dominar el país durante más de 200 años. Bajo la influencia islámica se produjo un considerable florecimiento de las artes, la ciencia y la cultura, y se construyeron muchos de los mejores monumentos arquitectónicos de Irán. Pero a partir del siglo IX el imperio musulmán empezó a decaer dividiéndose en numerosos reinos pequeños.
En 1220 los mongoles mandados por Gengis Khan invadieron Irán, acabando definitivamente con el poder árabe. Los mongoles formaron una dinastía que perduró hasta el siglo XVI.
En 1722 se produjo una invasión afgana, expulsada posteriormente por Nadir Sha, que inició una nueva era de conquistas ocupando Afganistán y llegando hasta Delhi, en la India. Durante el siglo XIX Gran Bretaña y Rusia compitieron por el dominio sobre Irán, quedando el país bajo la influencia económica inglesa.
En 1921, en pleno fervor nacionalista, un oficial del ejército, Reza Khan, tomó el poder derrocando a Ahmad Sha y autoproclamándose sha. Así inauguró en su persona la dinastía Pahlevi.
El nuevo sha, en contra de los poderosos líderes chiís, abolió antiguas tradiciones en un intento de modernizar el país. Durante los años sesenta y setenta continuaron los intentos de occidentalización del país con la oposición de los musulmanes chiís. En 1979 el Sha fue obligado a abandonar el país, y el ayatolá Jomeini, jefe espiritual de los chiís, regresó del exilio tomando el poder y proclamando la República Islámica.
Desde 1980 hasta 1988 Irán mantuvo una cruenta guerra con Irak por un litigio territorial sobre el estrecho de Chatt el-Arab. En la actualidad, aunque el islamismo sigue siendo el punto de referencia sobre el que gira toda la vida política, social y cultural del país, la moderación del original fundamentalismo revolucionario ha generado que el país sea algo más permeable al exterior y en especial al turismo occidental.